MI EMPRESA NO ME PAGA EL SALARIO: CUÁNDO CONVIENE ACTUAR
Trabajar durante todo el mes y comprobar que el salario no llega a la cuenta bancaria genera una mezcla de preocupación, incertidumbre e impotencia.
Para la mayoría de los trabajadores, el sueldo no constituye simplemente una remuneración por el trabajo realizado. Es el dinero con el que se paga la hipoteca o el alquiler, los suministros, la alimentación, los estudios de los hijos o cualquier otro gasto cotidiano.
Por ello, cuando la empresa comienza a retrasar los pagos o deja de abonar las nóminas, es normal preguntarse cuánto tiempo conviene esperar y qué puede hacerse para proteger los propios derechos.
Cada situación presenta circunstancias diferentes, pero existe una idea que conviene tener presente desde el principio: esperar indefinidamente rara vez mejora el problema.
Todo suele comenzar con un pequeño retraso
En muchas ocasiones el primer impago no genera una gran alarma.
La empresa explica que atraviesa una dificultad puntual de tesorería, promete regularizar la situación en unos días y el trabajador, confiando en esa explicación, decide esperar.
Cuando existe una buena relación laboral, esa reacción resulta perfectamente comprensible.
El problema aparece cuando el retraso deja de ser excepcional y comienza a repetirse mes tras mes.
En ese momento ya no estamos ante una incidencia puntual, sino ante una situación que merece ser analizada con mayor detenimiento.
La confianza no debe sustituir a la prudencia
Es frecuente escuchar frases como:
«Siempre me ha pagado.»
«Seguro que el mes que viene se pondrá al día.»
«No quiero perjudicar a la empresa porque llevo muchos años trabajando aquí.»
Todas ellas son comprensibles.
Sin embargo, proteger la empresa no debe implicar renunciar a la protección de los propios derechos.
Conocer cuáles son las alternativas legales no significa romper la relación laboral. Significa disponer de información suficiente para decidir cómo actuar.
No todos los impagos presentan la misma gravedad
No es igual un retraso de unos días que acumular varias mensualidades pendientes.
Tampoco es la misma situación cuando el empresario mantiene informada a la plantilla y propone soluciones que cuando desaparece o evita cualquier explicación.
Cada caso requiere valorar aspectos como:
- el tiempo transcurrido;
- el importe pendiente;
- la situación económica de la empresa;
- la antigüedad del trabajador;
- la existencia de otros compañeros afectados.
Cuantos más datos se conozcan, más fácil resultará decidir cuál puede ser el siguiente paso.
Conviene conservar todas las pruebas
Uno de los errores más frecuentes consiste en confiar únicamente en la memoria.
Cuando aparecen problemas salariales resulta recomendable conservar toda la documentación relacionada con la relación laboral.
Entre otros documentos pueden resultar especialmente útiles:
- contratos de trabajo;
- nóminas;
- justificantes bancarios;
- correos electrónicos;
- mensajes intercambiados con la empresa;
- cualquier comunicación relativa al pago de los salarios.
Toda esa documentación puede resultar relevante si posteriormente fuera necesario acreditar la existencia de los impagos.
¿Debe el trabajador seguir acudiendo a su puesto?
Es una de las preguntas más habituales.
La reacción impulsiva consiste en pensar:
«Si no me pagan, no vuelvo a trabajar.»
Sin embargo, esa decisión puede tener importantes consecuencias.
Antes de dejar de acudir al puesto de trabajo resulta aconsejable conocer qué posibilidades ofrece la legislación laboral y cuáles pueden ser los efectos de cada actuación.
Actuar sin asesoramiento puede generar problemas añadidos que podrían haberse evitado.
El tiempo también juega en contra
Muchas personas creen que podrán reclamar cuando la empresa mejore su situación económica.
Sin embargo, la legislación establece plazos para el ejercicio de determinados derechos.
Dejar pasar el tiempo sin adoptar ninguna medida puede limitar posteriormente determinadas posibilidades de actuación.
Por ello, aunque todavía no se haya tomado una decisión definitiva, conviene informarse cuanto antes.
Cuando el problema afecta a toda la plantilla
En ocasiones el trabajador descubre que no es el único afectado.
Otros compañeros también sufren retrasos o impagos salariales.
Ese dato puede ofrecer una visión mucho más completa de la situación económica de la empresa.
Conocer si se trata de un problema aislado o generalizado ayuda a valorar mejor el contexto en el que se encuentra la relación laboral.
Buscar asesoramiento permite decidir con tranquilidad
Cuando aparecen dificultades económicas en la empresa es habitual recibir consejos de compañeros, familiares o conocidos.
Algunos recomendarán esperar.
Otros propondrán reclamar inmediatamente.
La realidad es que no existe una respuesta válida para todos los casos.
Cada relación laboral presenta circunstancias diferentes y, precisamente por ello, resulta conveniente conocer previamente cuáles son los derechos del trabajador y las distintas alternativas que ofrece la legislación.
Tomar una decisión informada siempre proporciona una mayor seguridad que actuar impulsivamente.
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La importancia de actuar antes de que el problema se agrave
Cuando una empresa deja de abonar los salarios, es comprensible que el trabajador se plantee esperar unos días para comprobar si la situación se regulariza. Sin embargo, cuando los retrasos comienzan a repetirse o los impagos se acumulan, resulta aconsejable conocer cuáles son los derechos reconocidos por la legislación y las distintas alternativas existentes.
Cada situación laboral presenta circunstancias diferentes. Por ello, disponer de un adecuado asesoramiento jurídico permite valorar objetivamente el problema, conocer los plazos aplicables y adoptar la decisión que mejor se adapte a cada caso concreto.
Porque, en muchas ocasiones, actuar en el momento oportuno puede evitar conflictos mayores en el futuro.